viernes, 29 de agosto de 2008

Alas de Soledad Azul



Una mariposa avanza curvada
Por mi espalda desnuda, solitaria,
Por tu ausencia roto el desencuentro
De la sed de ti, del vaso triste.
Crisálida de besos en el envés
De mi cuerpo herido, maltrecho,
Lánguidas pestañas y retales,
Retazos de nada y de todo,
Pompas de jabón en una charca
Letras discretas que huelen a ti,
Amiga y compañera y fiel amante,
Soledad, otra vez saluda y vete
Y vuélvete sin lecho en mi posada,
Si Ulalume supiera en su poema
Si mis lágrimas cayeran mar adentro
Y mis sueños sin alas ya rodaran
Sería real que la mariposa, desnuda
Y solitaria por mi espalda,
Viene a hablarme de ti, a curar tu ausencia
Y tu soledad y tu calma,
Con gritos de un combate sin espadas,
Mariposa triste, mariposa extraña.

Diario de un poeta náufrago





Querido Beko:

Hoy estoy en no sé donde,
Escribiendo no sé qué
A no sé quien.

Supongo que estaré
En la miseria de la ciudad gris
Bajo un cielo nebuloso, tal vez,
Quizá caminando entre brumas
Sol oscuro, luna en celo.

Tampoco me preguntes
Si hay estrellas en el cielo
Por que el cielo está lejos
y los sueños han volado
y el frío me escarcha la piel
y las nubes ahogan mi alma
y todo se resume a ti,
mi querido Beko,
siempre en mis sueños de luna.


Querido Beko:

Hoy tampoco sé nada,
Me he despertado confusa,
Busqué entre resquicios
Y debajo de la almohada estabas tú
Evocado en forma de pluma.
Las palabras no bastan,
Son acaso retazos de tinta,
Mugrientos sapos de cerámica rota
Y tu voz agrietada y seca
De papel, madera y mimbre viejo,
Pasará a los anales de mi historia.


Querido Beko:

Me da miedo pasear
Bajo el manto azuloso
Que muestra la evanescencia.
Acaricio tus dedos de porcelana
Mientras fumo otro cigarrillo infantil.
Y mientras se consumo el humo
Escucho como ruge la bestia,
Hambriento regazo del alma,
Sin ti, otra vez, sin ti.

Me quedo dormida,
Y en el séptimo sueño,
Me despiertas y te encuentro
Esta vez frente a mí,
Disfrazado de ángel visible.

Querido Beko:

¿Sabes qué?
Anoche salí de copas por Madrid.
Me sumergí en el suburbio,
Abrumador destino receloso,
Y mientras miraba al cielo,
Te ame.

Entendí “El diario de Noa”
Las locuras de Romeo y Julieta,
La avaricia de la Celestina,
El ruego de los poetas.
Entendí mi vida pintada de rojo,
Corazones de plomo y dudas
Bordados de ausencia y desconsuelo.

Querido Beko:

Hoy es 11 de marzo
Y he ido a pasear por Atocha.
Paseé con nostalgia de recuerdos
Y me pregunté:
¿por qué no me tocó a mí
Dejar la vida?

Miré las vías del tren,
Y anduve de puntillas por los raíles.

Y entre tanto pesar,
Me abracé a una farola
Mientras bebía con impaciencia
Una botella de ron añejo.

Querido Beko:

Hace mucho frío,
Hace mucho frío porque
La noche es triste y llora
Hace mucho frío en mi alma
Desnuda, y diluvia al otro lado
Del postrero cristal de mi esperanza.
Hace mucho frío y escribo, balbuceos
Locos e hirientes que me salvan,
Que me salvan siendo poeta en tierra
En la tierra árida y hastiada
como en mi piel granizo, zumo de lluvia,
lunas de rabia, sueños de lumbre,
lumbre y hoguera que ciega el fuego,
fuego en esta noche de frío sin cumbres.

Carta a la Mujer




Te escribo a tí mujer , sinónimo de esclavitud , apariencia de sonrisa y sobre todo sol que no alumbra con su luz. Pero, ¿Qué es el hombre ? , polo opuesto de la tierra , hombre es placer y aventura , locura de una noche , y al día siguiente ¿qué? ¿ qué eres mujer ? . Un objeto placentero con el que los demás solo entienden de diversión , no eres tomada en serio. Si eres pisada , ya que más da. La realidad no es otra que la desigualdad entre ambos sexos.
Es tan irreal decir que somos iguales , nos dedicamos a aparentar a intentar ser algo , a defender nuestros derechos , cuánto nos duele pensar que ante todos ya son verdades, que en todo lugar somos nosotras aquella mota de polvo que el hombre pisotea a su antojo o aquel pétalo de la rosa que puede ser arrancado con facilidad.
Se recuerdan los gratificantes momentos, pero siempre queda una cosa: el lamento que produce no lograr nuestros propósitos , nuestros sueños quedan siempre muy distantes de la realidad. Si la sociedad deja abarcar esto, es porque nosotras tan solo queremos, porque dejarse pisar no es más que abandonar la dura carrera que te pone la vida desde un punto en el que una voz femenina no se puede comparar con el grito del macho.
A esto no se le pone un fin, porque luchar , ¿ para qué ? es inútil gastar mi voz porque a igual punto llegaré.
Podíamos ser una lágrima , que se seca en la arena, pero nunca deberíamos de ser, un objeto usado y viejo y mucho menos marionetas de las que el hombre se adueña.
Las sensaciones envuelven momentos, y yo me pregunto amiga ¿ que se siente al ser humillada , machacada , y aun más que se siente al no ser escuchada ? Supongo que mucha impotencia y unas ganas enormes de lograr la libertad que me mantiene prisionera en las rejas de aquel hombre , en su cripta , tapada en seda por una manta para no poderlo ver.
¿ Por qué lloras mujer ? En mis ojos arrancan lágrimas que arrasan los ojos , por una lucha sin victoria. No habrá triunfo que me pueda decir lucha mujer , porque yo soy optimista y solo en mi cabeza cabe que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre y si las mujeres nos mantenemos en constante unión podremos conseguir poco a poco cada uno de nuestros propósitos.
Hombre , eres el rey sin corona que se cubre de esplendor , pero en cambio en ti reside todo el odio y el rencor , que algún día cambiarás eso no se sabe todo depende de que puedas madurar, porque en donde cabe que el hombre es superior si él sin nosotras no tendría valor alguno , no seas machista , reconoce que en mayor o menor medida necesitas a la mujer, pero yo me pregunto ¿ para qué ? , solo para tu beneficio personal , solo para tus propósitos y tus metas, eres egoísta y crees ser persona , pero no , en ti no residen todos los valores necesarios que ha de tener un ser humano. Este conflicto es como luchar y nunca poder ganar , como que el mundo se negara a darnos la razón que tenemos. Pero al final la justicia gana y los actos que no están hechos de corazón quedan impugnes.
Por eso la unión hace la fuerza , y quiero en esta carta renombrar todos los derechos de la mujer y espero que quien lea este escrito sea un poco más consciente de lo que se juega el mundo , porque la valentía de la mujer al final vencerá a la cobardía del hombre.
Porque al fin y al cabo yo pongo en estas líneas mi opinión , digo lo que pienso y sí , no tengo los mismo derechos que ellos , pero soy libre e independiente , y en mis palabras quedan todo lo que en ellos falta, por eso con voz alzada digo que siempre queda un poco de esperanza , aunque sea poca para ganar la batalla , y así podremos hacer en el mundo nuestros sueños en el futuro.
Por eso : ¡ lucha mujer ! . Lucha y déjate la piel ,
Ten confianza en ti misma , para vencer a ese rey ,
Que es un rey sin corona , porque no se la ganó ,
Tu eres su más bella joya , la que tiene más valor.
Y grita por los cuatro vientos , ¡ Soy mujer ! No me avergüenzo ,
Y aunque -por ahora- no sea la más fuerte , de ello no me arrepiento.


POR TRES MOTIVOS :

- Soy entrega

Y me entrego a los demás,
Mientras en el su independencia ,
Se convierte en la verdad.
Lo soy , lucho por mi dignidad ,
Porque creo que la tengo ,
Y un hombre no me la va a quitar.

- Soy sincera

No me aferro a sus mentiras ,
Doy todo lo que tengo ,
Aunque me cueste la vida.
Busco la verdad,
No me miento a mi misma ,
Miro firmemente ,
Veo la realidad.

- Tengo espíritu

Sí , espíritu de triunfar ,
Y de decirle a todo el mundo,
Que lucharé hasta el final.
Lucho por mis derechos ,
Y los defiendo a morir ,
Porque la unión hace la fuerza ,
Y lo podemos conseguir.

En ésta carta yo te digo , a ti, valiente mujer ,
Que no pares nunca de la sociedad conocer ,
Que no te quiten lo que es tuyo ,
Y que digas con mucho orgullo :




“ SOY MUJER ”






(PRIMER PREMIO CONCURSO MUJER TRABAJADORA AÑO 2005)

jueves, 28 de agosto de 2008

El sexo de los melones






(Benidorm. Playa de Levante. Hotel Sol Costablanca. Habitación 431)



Toc-toc; llaman a la puerta. Es el camarero encargado de traer la consumición del serf-service, que viene a darnos la bienvenida. Nos trae fruta, un plato de fruta inmenso, una fuente ovalada con gran surtido y variedad: Piña, naranja, pera, kiwi, sandia y melón. Um… melón; es mi fruta favorita y la razón es muy sencilla: Es el equilibrio justo entre la sencillez del placer y la belleza de la discreción. Por eso me gusta, porque es tan bello como triste, porque las cosas bellas son hermosas aunque tristes.
Un día fui a comprar melón y una señora –intuyo que sería vendedora de melones o algo así- me contó la diferencia entre los melones machos y las hembras. Las “melonas” –según las llamaba y designaba con agrado la vendedora- contienen en el fin de la embocadura (justo donde todo empieza a ser más triste y abstracto, donde convergen las líneas y todo se estrecha y se cierra como un puente móvil inmenso). Justo en la terminación de toda carne, donde todo empieza a ser invisible porque se acerca la posteridad, ahí quedan soterrados a la luz del alba unos perfectos anillos circulares y equidistantes, dotados de una sublimidad impune que le conceden con sutileza extrema, categórica elegancia a la piel de las melonas, otorgándole con distinción esa feminidad felina que tan sólo queda reservada a unas pocas. Mi hermano me observaba con detenimiento, mientras yo relataba estupefacta el insólito episodio de “el sexo de los melones”, tras haber escuchado con intriga y devoción, el pueril y simpático acontecimiento de la vendedora. Me observaba con la inocencia aún patente y sacrílega del agua recién caída en el campo, antes de condensar el rocío. Me escuchaba con esa picardía prematura y pueril de la todavía no adolescencia. Yo adoraba esa ingenuidad, el candor, la honradez y la simpleza del no saber, del no exponerse todavía a un mundo falto de sueños. Me observaba con una lucidez y credulidad de los niños que todavía creen en los reyes magos, en el ratoncito Pérez, en el baloncesto y en los videojuegos.
Tras un silencio sepulcral que redime; me miró con ojos de sapo pardo o lobo hambriento-indistintamente- y me dijo: “Llevas razón, Carmen; las hembras son más dulces”. Lo dijo mientras degustaba una tajada en cuya corteza se albergaban anillos circulares. Los mismos anillos en cuya órbita yacía la redondez y la curvatura.
Pues bien, Benidorm sería muy triste sin estas cosas nimias y simples que le devuelven el sentido a la existencia. Y mientras escribo, veo desde el balcón de este cuarto piso a un muchacho tumbado, tomando el sol bajo la sombra de una palmera. Lo observo con esa mezcla de admiración y orgullo de lo simple e incauto. Un mundo a parte de lo grotesco y fachoso; que a veces hasta resulta ridículo – y es que los esperpentos es mejor dejárselos a Valle-Inclán, que le sacará mucho más partido y una mayor abstracción que cualquiera de nosotros-.
Por el momento, tan sólo quiero un mundo donde sea suficiente una tajada de melón y contemplar la sombra de una palmera para aquietarse y respirar. Respirar y aquietarse mientras observo el mar de fondo, sintiendo en mi piel, el placer y la tristeza de las cosas bellas.

lunes, 18 de agosto de 2008

Brotes de insomnio




Vivo en la dulce compañía del sol. Sol compañero de sueños. Siento que mi alma revolotea como una alondra que se posa nuevamente a tus pies. Las gotas de lluvia deshacen las farolas y tiñen la ciudad en un mar grisáceo. Miro al frente y diviso miles de cosas. Todo me recuerda a ti. Hasta el canto de los pájaros se parece a tu voz. Dile al sol que no salga, que estoy triste por ti. Dile a la lluvia que no venga, que hoy saldrán mis lágrimas a gritar la pena que me embarga. Es absurdo cerrar las puertas si tú tienes todas las llaves y llenarás mi alma de terrible cólera. Siéntate a mi lado, pero no me toques, no me escuches, no me mires.
No hagas que este corazón enfermo siga de por vida con tu herida abierta.
Como dijo M. Hernández: “ Cortar este dolor… ¿Con qué tijeras?”
No hay nada que pueda callar la rabia que me invade, el temo que me recorre y la soledad que me cobija.
Tus ojos son verde azulado o azul verdoso, según reflejen la claridad.
Viaje en las profundidades de la aflicción, abrazada a mi corazón. Todo es negro y no existe un lugar para la luz ni la esperanza. Todo es dolor, desidia y arrepentimiento.
Cuando te sientas a mi lado, nos contamos cuanto odiamos nuestras vidas, al mundo y a las equivocaciones. A veces nos odiamos hasta a nosotros mismos.
Vislumbro un rayo de luz en tu mirada abatida, un rayo de luz que atraviesa el humo espeso que me envuelve, que taladra el pesar que me inhibe, la lluvia que me moja, la negrura que tiñe mi alma.
Pero al rato desapareces y me conformo con mirarte desde fuera. Aunque ya te has ido, te siento muy dentro rellenando mi vacío con nubes de golosina, aviones de papel y muñecas de trapo. Sigues borrando el frío que atenaza mi alma.
Cuando te siento cerca, el sueño se detiene y el reloj vuelve a girar.
Y es que “sólo cuando lo perdemos todo somos libres para actuar”
El reloj sigue girando y se hace tarde, es demasiado tarde para volver. Me resigno con ver el barro en tus pisadas bajo una lluvia lacónica que entristece la luz de mi mirada. Dile a las estrellas que esta noche no salgan, que no se molesten en adornar el cielo, que descansen y duerman fugaces toda la noche. Aunque me duela, prefiero no mirar al cielo y ver las estrellas que contamos cada madrugada.
Siento una llama que me abrasa. Quemaduras como mil estrellas.
Un viento gélido mece mi alma en la tristeza, quiero salir de esta soledad que me encadena.
Todo esto tendría sentido si fuera real, pero…
¿Cómo se puede echar de menos algo que nunca ha ocurrido?

Mi viaje solitario





Acompáñame en mi viaje solitario,
No me dejes,
No me dejes más que con tu soledad,
Con la nuestra,
Con la de aquellos que quisieron
sentirse libres,
Que se amaron,
Como nosotros,
Con el albor profundo y a veces lejano,
Cubierto e indeciso, que a trozos,
Estalló en mis ojos.
Que los segundos son eternidades
Si al caer la tarde se va tu sombra,
Y se dibuja la figura incorpórea,
De aquellos párpados perfectos,
De aquellas facciones
Capaces de hacerme tiritar.
Capaces de hacerme llorar como un niño,
Soñar, soñar y soñar,
Dejándome sola y sin tu abrigo,
Con ansias de alcanzar el mar.
El mar que a través de tus ojos,
Como un cristal curvado y fino,
Se dibuja en las estrellas,
Así, siempre así será mi amor.
Así por el afecto que te tengo,
Por el aprecio,
Por todo lo que fue
Y por todo lo que se quedó en el camino,
Lo que se quedó en aquella senda
Que nunca trazamos juntos.
En aquella senda de alegrías y disgustos.
Acompáñame, compañero,
Y dime que algún día,
Bajo un cielo cabizbajo,
Estaremos juntos,
Juntos pero sin tocarnos,
Sin alcanzar el contacto,
Sin saber si tu piel tirita cuando me acerco.
Sola, sin saber si aquella piel se eriza
Cuando alcanza mi presencia,
Sin saber si merezco tu sonrisa,
O simplemente no la merecí nunca.
Decir, vivir, sentir,
Soledades imperfectas y canciones
Que en algún momento nos hicieron latir.
Acompáñame,
No me sigas,
Ni vayas siguiendo mis huellas,
Camina a mi lado, junto a mí,
Con la satisfacción de mirar mis ojos,
Y ver nuevamente,
Que tras ellos hay un profundo deseo de amar.
Un deseo de amar sin amor,
Negando el deseo más profundo,
Amarnos sin tocarnos,
Querernos sin odiarnos,
Soñar con la mirada,
Dejar que me atraviesen tus ojos,
Que se claven en mi retina,
Que enjuguen el llanto sagrado
Que a veces explota.
Vamos a amarnos sin mentir,
A hablar sin decir nada,
A sentirnos vivos,
Sintiendo sin sufrir.
Acompáñame,
No me dejes sino dejándome contigo,
Queriendo volcar el vaso y sus cristales,
Colmar de sentimientos su cubierta,
Volar, volar y volar,
Caer en el abismo más sincero
Que existe y pudo existir jamás.
Déjame contigo, no me dejes sola,
Aprieta mis manos,
Traspásame tu calor,
Enciende mis venas con tu sangre,
Grita mi nombre,
Vuélvete loco,
Deja que se te pare la respiración
En el momento en que me ves,
Quédate sin aliento, y mientras tanto;
Acompáñame.
Acompáñame en mi viaje solitario,
Métete en mi maleta,
Entre mis escritos,
Métete entre las líneas de estos versos,
Porque así yo te sentiré cercano
Aunque eternamente estemos separados.

Dulce lamento hiriente


Al mirarte veo un mar luctuoso y profanado, irreverente, que no quiere someterse a tu voz, que perfora mi silueta incorpórea. Ahora las nubes se ciernen en mi contra y yo te contemplo desde mi estrella. Esta oquedad me hace sentir perpleja, navego entre brumas, nubes borrascosas, cirros grisáceos de espuma difusa.Sigo sofocando el alma que mora en mí, la tengo amordazada para que no grite lo que siento, para que no revele en balde esta ausencia mortífera que roza mis manos, que taladra mi suerte y enaltece mis miedos. Nunca instigas a mi persona, y yo me conformo con verte como algo verosímil dentro de mi mundo ficticio. Me has invitado a viajar al tártaro, pero yo allí no voy si no es contigo. Luego me convierto en tu verdugo y voy a las profundidades de mi aflicción, con un longevo corazón cansado de tu efigie.Tu amor es un suplicio, dejando resquebrajado el pesar que araña mis miedos y los convierte en dudas. Siguiendo tu rastro te veo frisar tu adolescencia, convertirte en lo que la osadía te propone, sin temeridad alguna, sin voces fantasmales que me hagan sentir cuitada.Me has descorazonado desde el principio y yo con recelo tomé tu mano todos estos años, sin abandonar este afecto y esta predilección por ti. En mi cripta guardo tu vacío, la soledad que me brindas y los besos que no me das.Has marchitado mi tiempo, y mi corazón se ha convertido en un viejo prematuro, anciano sin arrugas. Mientras tanto, no puedo dejar de inquirirte, de imaginar tu piel tersa, clara y transparente, resbalando por su tez nítida la fatalidad de su destino.Escucho un clamor que confirma mi sospecha, que anula la entereza, que borra todo el vigor, ni siquiera imagino tu amor plañido por el agua.Ahora, tal vez, esta brecha que trajo tu ausencia se convertirá en una grieta, una herida mal cicatrizada. El corazón se quiso perder y huir, sin dejar vestigio alguno, pero no se llevó esta congoja, esta absurda morriña cargada de pasiones lúgubres. Tu fulgor se desvanece. Y mi alma frígida, espera la evanescencia eterna entre el badén de la lluvia, el delirio de mi tiempo y el lodo discreto que observo sin ti en este día nebuloso, lleno de dolor y rabia por la ausencia que cohíbe mi pasión.